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El rol de los jóvenes en tiempos de pandemia

En El Salvador como en el resto del mundo vivimos momentos difíciles debido al COVID-19, lamentablemente nadie estaba preparado para esta situación y de una u otra manera nos está afecta a todos.

Como en muchas situaciones de la vida, hay unos más afectados que otros y los que nos hemos visto menos afectados (e inclusive beneficiados) por la pandemia debemos ayudar a los que no tienen la misma suerte. Debemos buscar la manera de ser protagonistas y no espectadores en esta emergencia.

Todos los días vemos casos en redes sociales y noticieros de personas que se han visto afectadas por esta pandemia y que a más de uno les toca el corazón. Un caso que me llamó la atención fue uno dado a conocer por un periodista local.

Se trata de Don Beto, un señor de más de 70 años que vive solo, sin ningún tipo de pensión y no fue beneficiado por la ayuda económica brindada por el gobierno. Para subsistir estaba obligado a caminar alrededor de 10 kilómetros cada día para ir a vender dulces al área metropolitana de Zacatecoluca. Al conocer su caso, un grupo de voluntarios nos pusimos de acuerdo, contactamos al periodista y le dimos víveres para que fueran entregados a don Beto y pueda pasar más tiempo resguardado en su casa sin exponerse.

Así como el caso de don Beto,  hay muchos en el país por lo que insisto en que los jóvenes dentro de nuestras posibilidades necesitamos ayudar.

Debemos ser conscientes que hay jóvenes que también se han visto afectados por la pandemia y muchas veces no cuentan con los recursos para ayudar económicamente a estas personas en necesidad, pero si podemos apoyar en redes sociales.

Desde las plataformas sociales se puede compartir los casos y hacerlos llegar a personas que posiblemente sí puedan donar. Además, se pueden compartir mensajes positivos e información valiosa sobre los tiempos que vivimos.

Un llamado a involucrarse

 

Yo le pido a los jóvenes que se involucren en el sector del voluntariado, hay tanto qué hacer por el país y es demasiada la necesidad que tiene nuestra gente.

En lo personal, pertenezco al Club Activo 20-30, que es un club de servicio internacional enfocado en ayudar a los niños y desarrollar habilidades de liderazgo en adultos jóvenes. El Club siempre ha incidido en la sociedad (tiene más de 65 años de existir en El Salvador) y en esta pandemia nos hemos encargado de llevar víveres a los más necesitados y también hemos donado sangre y conseguido más donantes de sangre para la Cruz Roja y para la red nacional de hospitales, ya que el banco de sangre de la Cruz Roja ha tenido un desabastecimiento grande debido a la crisis que vivimos.

Organizaciones de servicio como esta hay muchas y cada una aporta un grano de arena al país; pero honestamente el más beneficiado eres tú. El servicio por la gente y por tu país es algo que te llena de satisfacción y de alegría y te deja un inmenso aprendizaje que puedes aplicar en muchas áreas de tu vida.

Es algo imposible de describir cómo se te infla el pecho al ver tanta gente beneficiada con lo que tú haces y eso es algo que no te regala nadie ni se compra con dinero, lo obtienes entregando tu corazón al voluntariado.

 

Fiscalización del poder

 

Como jóvenes tenemos otro rol importante: debemos cuidar y velar por la institucionalidad del país. Hay muchos casos de gobernantes que han utilizado las crisis para atropellar instituciones, violentar derechos humanos, cometer abusos de poder, y “saltarse” procesos legales.

Por la experiencia sabemos que en el pasado políticos y funcionarios han utilizado emergencias para cometer actos de corrupción. Por este tipo de precedentes es que tenemos que vigilar constantemente lo que se hace con los fondos públicos

Considero que el  gobierno actual no ha sido transparente con el uso de los fondos con los que ha contado y con los que podría contar (3 mil millones de dólares en préstamos) para afrontar la pandemia. Actualmente tenemos un presidente que se aferra a su innegable popularidad para saltarse instituciones, atacar a organismos importantes y necesarios para el país (ANEP, FUSADES, etc.) y expresamente ha dicho que no va a acatar las resoluciones de la Sala de lo Constitucional y esto es inaceptable para el sistema democrático en el que vivimos. En el libro “Cómo mueren las democracias” Levistsky (2018) habla sobre esto:

En 1969, tras imponerse en la reelección para su segundo y último mandato, el presidente filipino Ferdinand Marcos empezó a plantearse cómo usar una situación de emergencia para mantener más tiempo en su cargo. Marcos no quería apartarse cuando concluyera su segundo mandato en 1973, tal como dictaba la Constitución, de manera que urdió planes para declarar la ley marcial y reescribir la carta magna.

Pero necesitaba una justificación, y se le presentó una oportunidad en julio de 1972, cuando una serie de misteriosos estallidos de bombas sacudieron Manila. Tras el aparente intento de asesinato del ministro de Defensa Juan Ponce Enrile, Marcos, culpando de éste a terroristas comunistas, ejecutó su plan. Anunció la ley marcial en la televisión nacional, insistiendo en tono agorero: «Compatriotas […] esto no es un golpe militar».

Defendió que «un Gobierno democrático no es un Gobierno indefenso» y que la Constitución, la misma que estaba suspendiendo, «proporcionaba sabiamente los medios de protección» para enfrentarse a un peligro como una insurrección. Con aquel movimiento, Marcos se instaló cómodamente en el Gobierno durante los siguientes catorce años. Las crisis son difíciles de predecir, pero sus consecuencias políticas no. Propician la concentración y, con mucha frecuencia, el abuso del poder. (p.83)

Finalmente expresar, que en la medida en que los jóvenes nos involucremos  en la situación  que vive cada país mejor serán los resultados.

Foto: Red Previos