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El papel de las juventudes en la participación política costarricense

Diana Cordero Pérez

Una de las ideas que resonó en mi cabeza después del primer masterclass con el máster Carlos Berrios fue que las juventudes no somos solo el futuro, sino el presente de nuestras naciones. Incluso el pasado si pensamos en el legado de las generaciones que nos precedieron. Esta forma de pensar me parece transformadora en una sociedad adultocentrista que relega la participación de las juventudes a un segundo plano y a un simple cumplimiento de requisitos que simulen que las brechas que aún existen en la sociedad se cierran.

En primer lugar, es preciso definir el término participación política, como menciona Sabucedo (1988, p. 166) “podríamos definir la participación política como cualquier tipo de acción realizada por un individuo o grupo con la finalidad de incidir en una u otra medida en los asuntos públicos.” La mayoría de las veces pensamos en la participación política como una participación electoral que ponemos en práctica cada cuatro años al elegir al presidente y l@s diputad@s de la República y cada 4 años al elegir a l@s alcaldes, regidores y síndic@s. Pero en realidad este concepto es sumamente amplio porque abarca desde la micropolítica de nuestras acciones cotidianas hasta la macropolítica de las relaciones internacionales. Así una manifestación de empleados públicos contra la regla fiscal como el papel de un periodista en un medio de comunicación son acciones políticas que inciden de una u otra forma en los asuntos públicos.

Un ámbito fundamental que debemos analizar en cuanto a participación política de las juventudes son las estructuras partidarias. Según González (2014, p. 245) para las elecciones del 2014 la participación de las personas jóvenes en las papeletas fue de 29.6%, sin embargo, las personas jóvenes electas representaron el 8,3% del total. Una de las principales razones que explica este fenómeno es que las personas jóvenes generalmente ocupan puestos con menos posibilidades de ocupar un cargo. Esto queda evidenciado en los puestos de elección popular que ocupa la población joven, el puesto número 10 presentaba un 41% de representación joven, mientras que la participación de las tres primeras posiciones estuvo entre el rango de 13% a 18% Lo mencionado anteriormente sucedía en el país con la representación política femenina, pues las mujeres eran parte de la papeleta, pero únicamente en puestos no elegibles.

Esto reforzaba el fenómeno que llamamos “el techo de cristal” que consiste en un plano invisible en el ámbito profesional de las mujeres que les impide avanzar y se traduce en los obstáculos que se les presentan a las mujeres para subir de puesto en su carrera profesional (Burín & Andersen citado en Romero, 2002). Esto se ve reflejado en el ámbito político en el tipo de cargos que ocupan las mujeres en la política nacional y la estrategia de colocarlas en puestos no elegibles. Fue hasta el año 2000 en Costa Rica que se incluyó esto como requisito. Antes de ese año de acuerdo con Archenti (2011, p. 30) existieron tres momentos en la legislación costarricense en cuanto al incremento de su participación: El primero comprende las elecciones anteriores a 1994 cuando no se habían hecho acciones afirmativas, en el segundo se incitaba a los partidos políticos a aumentar la participación femenina, en el tercero en 1997 existía una cuota obligatoria del 40%, pero no contemplaba lugares elegibles como requisito.

Esta circunstancia puede compararse a la situación que viven los jóvenes en la política actualmente, ese “techo de cristal” lo constituye el adultocentrismo que impide que escalen en su carrera política hasta que avancen en edad cuando según la sociedad estén “capacitad@s” para ejercer un cargo de tanta importancia. De hecho, según Díaz (2016, p. 309) el discurso de La Nación, un medio de comunicación de gran importancia a nivel nacional, tiene una valoración negativa en cuanto a la participación juvenil en movimientos sociales por el especial énfasis que hace en los daños y perjuicios que desencadenan sus acciones opacando sus motivos de protesta. Generalmente la sociedad se escuda simplemente en que los medios no son los adecuados para manifestar sus demandas, pero es bien conocido por nosotr@s los jóvenes activistas que la mayoría de las veces salir a la calle es el único medio que tenemos al alcance para ser escuchad@s.

Por otro lado, una acción política que ha cobrado fuerza en los últimos años ha sido el activismo medioambiental. Se ha evidenciado un alza en la creación de organizaciones no gubernamentales que abogan por la conservación del medioambiente en Costa Rica. Algunas de ellas como Green Wolf, Green Heart y EcoGrecia organizan limpiezas a lo largo del país para crear consciencia en la población. Otras como Ríos Pura Vida y Ríos Libres Turrialba se enfocan en destacar la importancia de los ríos limpios en los ecosistemas. Una de las iniciativas más interesantes de la sociedad civil son las ecoins ecomonedas virtuales de un sistema de recompensa por el compromiso con el reciclaje. Esta iniciativa costarricense concretó alianzas con el gobierno y distintas empresas para brindar descuentos a cambio de residuos valorizables, actualmente la iniciativa ya se está desarrollando en otros países latinoamericanos como Panamá, Perú, Guatemala y El Salvador. Recientemente una labor política que realizó este bloque desde su activismo junto con otras organizaciones y miembros de la sociedad fue lograr el veto presidencial del proyecto de ley que incentivaba la reactivación de la pesca de arrastre en el país y que fue aprobado en segundo debate por la Asamblea Legislativa. Este proyecto de ley amenazaba con grandes impactos ambientales y económicos a los pescadores artesanales de las zonas costeras.

A modo de conclusión con este logro como ejemplo considero que la acción política desde las juventudes es esencial y resulta necesario realizar una reforma en cuanto a la legislación que garantice que las personas jóvenes sean colocadas en puestos elegibles para que la visión de mundo de las juventudes se vea representada en los puestos de decisión tanto a nivel municipal como gubernamental. No podemos dar por un hecho que las necesidades de l@s jóvenes están siendo satisfechas si no se cuenta con suficientes personas jóvenes dentro de la construcción de política pública que responda a estas necesidades.

 

Referencias bibliográficas

Archenti, N. (noviembre, 2011) La paridad política en América Latina y el Caribe: Percepciones y opiniones de los líderes de la región. CEPAL Serie Mujer y Desarrollo (108). Recuperado de https://repositorio.cepal.org/handle/11362/5835

Díaz González, J. A. (julio-diciembre, 2016). El discurso del periódico La Nación sobre la participación política de las personas jóvenes en Costa Rica (2009-2014). Revista Rupturas6(2), 301-328. Recuperado de www.scielo.sa.cr

González Agüero, L. A. (2014). Participación política partidaria de las personas jóvenes en Costa Rica. Recuperado de http://repositorio.sibdi.ucr.ac.cr:8080/jspui/

Romero, O. B. (2002). Mujeres rompiendo el techo de cristal: el caso de las universidades. OMNIA: México, 17, 18. Recuperado de http://poseidon.posgrado.unam.mx/publicaciones/ant_omnia/41/07.pdf

Sabucedo, J. M. (1988). Participación política. En Seoane, J. & Rodríguez, A., Psicología política (pp. 165-194). Recuperado de https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/43357770/Seoane-Et-Al-1988-Psicologia-Politica.pdf?1457109740=&response-content-disposition=inline%3B+filename%3DPsicologia_Politica_1988_Espanha.pdf&Expires=1607410634&Signature=JkQYNb2-CttE74QAHIqGC3GsJPLb-4qbqVvXVKpqOl1jFk4z4RJYJIo-LuqQQou4bGwzZgIpy7DuHNXjCYT7Oc3EdywsDDglwSjIBBb1DD26iemNUitvV29x4Dh5o~axQEgRWS5O0Szm-hXbKOEFQr9QAOLjb-0hdZgWS4Gus~MSaGA5~yLGNU0V9pNEiH~XGaKW4~yr270KueOEXFVMn8UO7XInEyZ5hdrqXIHR9pTeJSSRWrPI-PZowTokDyyAmCkQFMW2Gy5P6p5q2icLtmjpnEA9gqY90DYgcgSKWDt4VkPevVoRzQsM74Dw1DF7TWAtUdZGYtWw0GPSEZ3faQ__&Key-Pair-Id=APKAJLOHF5GGSLRBV4ZA#page=164

Foto: Archivo/La República.