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Hollywood, la narrativa de dominio geopolítico y Nicaragua

Nicaragua y su contexto.

Hace unas semanas vi por Netflix (tengo acceso gracias a la filantropía de un buen amigo que no soportó tanta infelicidad acumulada en una sola persona que no le quedó de otra que pasarme su cuenta; aunque lo cierto es que le rogué algunos días hasta que me la consiguió) una película traducida en América Latina como «Escuadrón 6», una mega producción hollywoodense de acción. Acción llena de efectos especiales y movimientos vertiginosos. Pero lo que resulta interesante no es la trama y la acción en sí, sino los trasfondos políticos y de dominación que se pueden percibir.

El argumento que desencadena la acción no es desconocido en el cine estadounidense: un «escuadrón de superhéroes» decide tomar la justicia por sus propias manos y establecer la democracia en un país musulmán del Asia Central.  El país en la ficción se llama Turgistán, un nombre casi referencial a Turkmenistán (país fronterizo con Irán, Afganistán, Uzbekistán, y que perteneció a la extinta Unión Soviética). En la película el país se encuentra sometido por un dictador extremadamente demente e inhumano capaz de realizar ataques químicos a la propia población para amenazar a cualquier oponente, pero principalmente por una maldad irrazonable. Aparecen imágenes de campos de refugiados siendo atacados por estos ataques químicos, aviones de caza lanzando bombas a personas con partes amputadas, etc.

En la película no hay una visión desde las potencias mundiales sobre la situación de ese país, únicamente se nos presenta la visión de los protagonistas (el escuadrón) que asumen la misión de «dar un golpe de estado» para establecer la democracia en el país.

Hollywood lucrándose con las guerras.

 

Algo irónico de esta mega producción es la cantidad de dinero que se utilizó para realizarla (un estimado de ciento cincuenta millones de dólares, según IMDB) cuando bien podrían haberse utilizado en ayuda humanitaria, proyectos de desarrollo social y económico en regiones en que las familias carecen de agua potable para sobrevivir.

En uno de los discursos más emotivos para continuar con la misión el protagonista explica que está harto de la burocracia de las potencias mundiales, y da a entender de alguna manera que ese respeto de derechos humanos que tanto se habla no es más que parte de esa burocratización.

El protagonista, interpretado por Ryan Reynolds, es un multimillonario al estilo Bruce Wayne; sin explicar cómo, cuenta con toda la logística para que un grupo de seis personas realice un golpe de estado en un país lejano, maquinaria de altísima calidad y todo eso que nunca se llega a explicar en este tipo de películas. El personaje principal es el que se encarga de reunir a los especialistas, los cuales convenientemente para la trama tienen motivos para estar inconformes con las gestiones de las instituciones «encargadas del orden mundial». La súper producción de acción pretende sostener un argumento moral: el malévolo merece la muerte a cualquier costo. El fin justifica los medios: muchas explosiones.

 

Hollywood interracial, pero sin olvidar los estereotipos.

Es importante para uno de los trasfondos de la película (el de la lucha de Occidente VS Asia Central/URSS) mostrar a un occidente más interracial e incluyente. Así el soldado del ejército es de etnia afrodescendiente que combatió en Irak, pero por, otra vez, culpa de la burocracia no pudo salvar a sus compañeros al no ser autorizado a disparar a la amenaza islámica. El protagonista «americano» blanco como concepto de justicia, moral, y establecedor del orden y la civilización. El «Sicario» latino, divertido, bailador, supersticioso, que por lo demás no parece latino, o al menos el latino promedio: este es alto, bronceado, barbudo, cuando el latino promedio es moreno, bajo, lampiño (por ese problema de raíces, prehispánicas). Los demás personajes son repeticiones de otros blockbusteres.

Los dictadores nicaragüenses como legitimadores de la narrativa supremacista

Al día de hoy, los nicaragüenses estamos rehenes de dos personas desquiciadas que han decidido utilizar la pandemia mundial del COVID-19 como amenaza al exterior utilizándonos a nosotros, el pueblo, como rehenes. «O me levantan las sanciones o no se tomará ninguna medida para controlar la pandemia dentro del país». Es increíble ver como desde que se dio el primer caso de coronavirus en Nicaragua han insistido en la aglomeración de lugares, haciendo propagandas de partidos de béisbol, marchas en apoyo a Maduro, cosas irracionales que no se pueden explicar a menos que se intente de manera clínica.

Cuando veía la película y apareció la escena del ataque químico de un dictador a su propio pueblo me pareció un abuso de discurso y de perversidad ideológica, pero inmediatamente pensé en Rosario Murillo y me di cuenta que, tristemente, sí hay personas en el mundo que lideran países y que son capaces de cometer esos actos inhumanos con sus conciudadanos.

Dios nos proteja siempre.

 

Foto: AFP 28/02/2019