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Incidencia del papel de la mujer en el comercio Internacional: Retos e Implicaciones en el caso costarricense

Ivannia Bolaños Herrera

Resumen

En las últimas 2 décadas organizaciones y economistas feministas se han preocupado por estudiar las implicaciones que tiene agregar a los discursos de economía los discursos de género, entendiéndose este como las relaciones de poder que existen entre hombres y mujeres. Se han dado cuenta que el comercio internacional no se puede mantener neutral, sino que debe añadir el papel de la mujer, para que este sea equitativo. Los TLC son los casos de estudio en los que se visualiza tema de equidad dentro de la política comercial. En el presente artículo se centrará en el caso de Costa Rica. Sin embargo, este caso no se aleja al de la realidad del resto de Centroamérica, en el que se observa que aún no se ha dado ese paso y ni siquiera cuenta con indicadores suficientes para hacer una investigación sustancial. El primer reto es crear indicadores robustos desagregados por sexo.

Palabras claves: economía internacional, incidencia, papel de la mujer, tratado de libre comercio.

  1. Introducción

En el primer masterclass del diplomado académico “Juventud, Integración Centroamericana y Desarrollo Sostenible” se presentó el tema de la participación política de las Juventudes centroamericanas, dentro del mismo, se abarco el tema del machismo que aún vive la región y, dado el interés que personalmente tengo sobre los temas de economía y género, quise vincularlos. Para ello, decidí tomar el tema de la incidencia que presenta el papel de la mujer centroamericana, especialmente la costarricense al ser mi país de nacimiento, en el comercio internacional.

El término incidencia hace referencia al proceso de movilización política de las organizaciones de la sociedad civil dirigido a lograr que los sistemas de poder y los niveles de decisión sean más permeables a las demandas de la ciudadanía. Se traduce en empoderamiento y buenas prácticas de gobernabilidad. La OCDE estima que las pérdidas económicas causadas por la discriminación de género podrían alcanzar los US$ 11.750 billones…Al incorporar un enfoque de género, la política comercial podría contribuir a nivelar las oportunidades para las mujeres y disminuir estas pérdidas (Frohman, 2006, pág.7).

Por lo tanto, surge la necesidad de dar a conocer ¿cuáles son las implicaciones de añadir la variable mujer, en los temas de libre comercio en Costa Rica? Para ello se toman casos exitosos como el TLC Uruguay-Chile que en 2018 alcanzó a ser el primer acuerdo internacional en agregar un capítulo dedicado al género. Lamentablemente, muchos países, entre ellos Costa Rica, aún visualizan los temas económicos de forma neutral y ni siquiera poseen los datos desagregados por género de forma precisa. Es ahí donde vale la pena buscar formas y organizaciones que busquen incidencia, y tal como la Red Internacional de Género y Comercio se unan.

  1. Revisión de la Literatura

Al estudiar los objetivos de desarrollo sostenible que plantea el Programa de las Naciones Unidas (PNUD) dentro de la Agenda 2030, se hace una pausa en el objetivo número 5 que busca lograr la igualdad de género. “El término ‘género’ se refiere a los roles y comportamientos construidos socialmente de mujeres y hombres y a las relaciones entre los sexos…Las ‘relaciones de género’ se caracterizan por la desigualdad de poder” (Rodriamaro, 2006, pág.9).

El PNUD aboga que empoderar a las mujeres y niñas tiene un efecto multiplicador y ayuda a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel mundial. De ahí, la importancia de generar conciencia para que la mujer llegue a tener el reconocimiento relevante en el ámbito no solo social, sino económico también desde el punto de vista macroeconómico y, especialmente, dentro del comercio internacional. Para ello se define igualdad como:

 Situación en la que mujeres y hombres tienen las mismas posibilidades y oportunidades de acceder y controlar recursos y bienes desde el punto de vista social. La “equidad” es concebida como el trato imparcial hacia mujeres y hombres según las características de cada caso ya sea como “trato equitativo” (dar a mujeres y hombres “lo mismo”) o como “trato diferenciado” (según las necesidades de cada cual) (Frohman, 2018, pag.22).

            A esto se debe que cuando se habla de género se tienda a identificar, erróneamente, este vocablo con el de mujer. Sin embargo, es importante aclarar que, se refiere a las relaciones entre hombres y mujeres caracterizadas por la asimetría de poder. Por lo que en materia de comercio internacional respecta, se hablará más de equidad que de igualdad.

La importancia de incorporar el tema de equidad de género al tema de comercio, surge de una serie de planteamientos a favor y en contra de los supuestos y teorías que tiene la reciente economía feminista; la cual establece que para que exista desarrollo económico debe de surgir el análisis de todas las variables con indicadores desagregados por género y crear políticas que ayuden a que dichos indicadores se muestren con equidad.

El enfoque de derechos humanos enfatiza la necesidad de una comprensión contextualizada acerca de las interacciones entre las desigualdades de género y las políticas comerciales, como también de democratizar el diseño de las políticas.

            Un ejemplo de dicho planteamiento incorporado al tema del comercio, lo muestra Espino & Amarante (2003) “El esquema de Hecksher-Ohlin, como la mayoría de los enfoques económicos, no considera el género como una categoría analítica” (pag.7). Para las autoras, el hecho de no considerar las relaciones de género como el trabajo reproductivo no pago de las mujeres y la distribución del trabajo dentro del hogar, lleva a una inadecuada evaluación de los impactos de la liberalización económica sobre las mujeres tanto dentro como fuera del mercado de trabajo.

            Los economistas feministas abogan por el hecho de que, al incluir el tema de género en los temas económicos, se inducirá a que aumente el nivel de vida y el desarrollo en general. Por poner un ejemplo, si se le da la oportunidad a la mujer de que se emplee en un trabajo de calidad y que sea bien remunerado, se le estaría dando mayores ingresos a las familias, por lo que habría mayor consumo, y por tanto, mayor producción.

            Tal como lo proponen Kanji y Barrientos (2002) “los efectos de las políticas comerciales no son neutrales al género y deben instrumentarse políticas que contrarresten los potenciales efectos negativos sobre la equidad de género y la pobreza” (s.f, pag.17). Esto, dado que, a lo largo de la historia económica, la política comercial se ha mantenido neutral al género, es decir, nunca se ha hecho ninguna distinción, se trabaja dentro de las mismas condiciones, suponiendo que las condiciones en la realidad son así, neutrales.

            Pero los datos de investigaciones recientes muestran que, si hay diferencias dentro de los géneros y que ignorar dichas diferencias, sólo agrava la situación de aquellos sectores de la población que históricamente se han visto más perjudicados, las mujeres.

            Por otro lado, también se encuentra dentro de las investigaciones, autores que están a favor de dichas desigualdades, ya que aseguran que el hacer esas distinciones es, más bien, lo que permite que exista mayor desarrollo. Tal es el caso de Seguino (2000), quién menciona en su estudio que “si la segregación ocupacional resulta en la concentración de mujeres en las industrias exportadoras donde la elasticidad precio de la demanda es relativamente alta, sus menores salarios respecto a los de los hombres pueden operar como un estímulo a las exportaciones” (s.f, pag.15). Seguino piensa que los resultados empíricos señalarían la existencia de un vínculo positivo entre la desigualdad de género y el crecimiento económico.

Lo cierto es que son más la cantidad de investigaciones, que, aunque son muy recientes, apuntan a que verdaderamente hay una distinción de visualizar el comercio cuando se agrega la variable género, de las tesis que apuntan lo contrario. Rodriamaro (2006) señala que “las políticas comerciales afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres debido a desigualdades de género en el acceso a recursos económicos y sociales y en el control sobre éstos, como también en la toma de decisiones” (pág.2).

Esto se muestra en la división de trabajo que ha existido a través del tiempo, marcando una brecha entre el trabajo reproductivo que se le ha encomendado a las mujeres y el trabajo productivo para el caso de los hombres. Donde a la mujer se les asocia a labores de carácter doméstico (por lo general no remunerado), y, cuando se trata de trabajos no doméstico, se asocia a labores como secretariado, enfermería, enseñanza, es decir, aquellos trabajos que implican el cuido de personas o de carácter administrativo.

Esto se debe a la llamada socialización de género, cuando la sociedad va tomando ciertos roles y patrones como un conjunto de estereotipos que deben de ir para uno u otro género. De ahí que presente una división de trabajo en la que:

La conducta adecuada para los hombres y la idea de masculinidad está relacionada con las actividades que desempeña y con el ejercicio de poder y autoridad. En el caso de las mujeres, se considera apropiada la conducta que muestre su compromiso con las labores que se cree que le corresponden a ella como la dedicación al hogar, los hijos, la familia, y que muestren una actitud solícita hacia los hombres (Salazar, s.f, pág.4).

Es por esta misma división de trabajo que Rodriamaro está a favor del libre comercio, esto dado que, al abrir el comercio, las mujeres aumentan sus posibilidades de emplearse. Sin embargo, también está de acuerdo en que esto no es sinónimo de calidad de empleo. Afirma que en muchas ocasiones se les brinda la oportunidad de emplearse en los trabajos con menor remuneración, por lo que continúa esa brecha de género. “Este modelo de desarrollo “hacia fuera” manifiesta una marcada preferencia por la contratación de mujeres jóvenes y solteras para desempeñar actividades no calificadas, por las cuales reciben bajos salarios” (García, 2007, pág.519).

Esta división de trabajo hace que la responsabilidad asignada socialmente a las mujeres, al ser de carácter no remunerado, no sea considerado como trabajo, ni contabilizado como tal en los cálculos de las cuentas nacionales.

Dicho esto, es importante definir el libre comercio, el autor antes descrito, señala la liberalización comercial como “la desregularización de la inversión extranjera a través de la reducción de las barreras al comercio internacional, como los aranceles” (s.f, pág.7).  Sin embargo, esta reducción arancelaria trae consigo una afectación a los productores nacionales, ya que no pueden competir con los productos que llegan del extranjero con menores precios.

Pero entonces, ¿cuál es la relevancia de incluir a la mujer en los temas de comercio? Se estima que la contribución no monetizada e invisible de las mujeres a la economía es de por lo menos US$11 trillones por año (PNUD 1995). E incluso, “se identifica hoy que el 70% de los más pobres del mundo (1,3 billones de personas) son mujeres” (López, 2001, p. 29). Rodriamaro señala que existen tres factores que explican la relación de las mujeres y de la economía. El primer factor señala que las diferencias de género en el acceso a bienes limitan las opciones que poseen las mujeres. Dentro del objetivo de desarrollo número 5, la PNUD muestra que las mujeres representan sólo el 13% de los propietarios de las tierras en el mundo (PNUD, 2020).

El segundo factor se debe a que las diferencias de género en la remuneración laboral conducen a conflictos y afectan la asignación del trabajo a nivel doméstico. “A nivel mundial, las mujeres ganan solo 77 centavos por cada dólar que ganan los hombres haciendo el mismo trabajo” (s.f). Y, el tercer factor menciona que las diferencias de género en el trabajo limitan la eficiencia en el trabajo. Haciendo constar lo dañino que ha sido la división de trabajo a lo largo de la historia.

Es por estos tres factores que “el principal argumento de proponentes de las políticas de libre comercio…es que una mayor liberalización del comercio y las inversiones puede mejorar el crecimiento económico, lo que a su vez puede incrementar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo” (Rodriamaro, 2006, pág.16).

            Para dar seguimiento a esta controversia, muchos organismos, redes y organizaciones de empoderamiento femenino alrededor del mundo, se han propuesto a realizar estudios, en los que se mida si es relevante o no ampliar el tema de género en los asuntos de comercio.

            La mayoría de las investigaciones toman como punto de análisis los tratados de libre comercio entre los países. “Los tratados de libre comercio son los instrumentos de profundización y consolidación de la globalización mediante la liberalización comercial y de capitales acordada entre los gobiernos de los países involucrados” (Salazar, 2005, pág.7).

            En las clases y en los libros de comercio internacional siempre se ha dicho que el libre mercado está orientado a la maximización de las ganancias a través de “ventajas comparativas” de cada uno de los países; en el caso de los países en desarrollo: disponibilidad de mano de obra barata y de recursos naturales abundantes, junto con un control poco riguroso de la legislación y de los mecanismos de rendición de cuentas. De ahí que las grandes potencias busquen a los países en desarrollo para firmar este tipo de acuerdos comerciales.

            Se debe de tomar en cuenta que, con estos tratados, la política comercial depende cada vez menos de las decisiones internas de un país, y cada vez más de negociaciones a nivel internacional.

La Red Internacional de Género y Comercio (RIGC) hace fuertes críticas a los acuerdos y negociaciones internacionales al no tomar en cuenta la variable analítica género. La importancia de analizar el TLC desde una perspectiva de género reside en el hecho de que el comercio exterior tiene distintos impactos sobre el salario y empleo de mujeres y hombres, sobre su trabajo no remunerado, su tiempo libre, y sobre los ingresos y consumo familiar.

En este sentido se señala que los acuerdos comerciales deberían internalizar el valor del trabajo no remunerado de las mujeres –relacionado con la reproducción social y biológica, que no se valora económicamente–, y reconocer su papel como parte fundamental del mantenimiento de la economía (Espino y Amarante, 2003, pág.29).

            La liberalización y desregulación que promueven los acuerdos comerciales de este tipo tienden a perjudicar en mayor medida a las mujeres. Esto debido a que poseen una mayor vulnerabilidad y a la sobrecarga de empleo que les genera (ya que por lo general, terminan realizando los trabajos fuera y dentro del hogar (doméstico y no doméstico), al ser las principales responsables del cuido de los niños y adultos mayores y de los quehaceres de limpieza y mantenimiento del hogar. De esto se trataba cuando se hacía la división de trabajo entre hombres (trabajo productivo) y mujeres (trabajo reproductivo).

Amarante y Espino (s.f) ponen en entredicho que la reestructuración del aparato productivo de los países involucrados en el ALCA pone en juego el rol femenino tanto en la producción como en la reproducción social (pág.29).

El análisis de los tratados desde la perspectiva de género se ha basado pues, en diferentes estrategias y con diferentes grados de amplitud. El camino seguido en general ha pasado por identificar las áreas o sectores económicos vulnerables ante los acuerdos así como detectar en que medida las mujeres se hallaban representados en los mismos y en qué condiciones (s.f, pág.35).

Asimismo, Salazar (2005) realiza una fuerte crítica a los acuerdos comerciales, señalando que “no se han constituido en instrumentos para el desarrollo de los países, no han contribuido crecimiento económico, al bienestar de la población ni mucho menos a la equidad social” (pág.1). El autor valida su información después de realizar un análisis de las variables referentes al comercio y al empleo desagregadas por género y realizando un estudio del documento del TLCUEM. Menciona que el principal problema, ha sido ver las políticas comerciales de forma neutral, cuando no lo son.

Cambiar estas dinámicas de poder a través de asegurar la participación igualitaria de la ciudadanía en el establecimiento de prioridades de las políticas sociales y económicas haría más visibles a las mujeres y fomentaría la promoción de políticas comerciales con conciencia de género.

De ahí la importancia de crear “incidencia” del papel de la mujer en el comercio. “La incidencia es un concepto que sintetiza el proceso de movilización política de las organizaciones de la sociedad civil en pro de que los sistemas de poder y toma de decisión sean más permeables a las demandas de la ciudadanía” (Sanchís, Baracat y Jiménez, 2004, pag.5).

Poder incidir sobre una realidad que afecta a mucha gente, cambiar en alguna proporción las decisiones de quienes tienen una cuota de poder, hacer visible una situación que permanece en sombras, amplificar la voz de “los de abajo”, es un desafío que motiva a la acción colectiva y la empodera. Son acciones conducentes a democratizar las relaciones entre la ciudadanía y los ámbitos de toma de decisión, sean estos públicos o privados.

  1. Pregunta de investigación

¿Cuáles son las implicaciones de añadir la variable mujer, en los temas de libre comercio en Costa Rica?

Para responder dicha pregunta, es necesario traer a la discusión otras preguntas que nos orientarán a dar una respuesta más certera. Para ello se requiere responder primero a:

  • ¿De qué manera afectan a hombres y mujeres los cambios en el mercado laboral que resultan de la puesta en marcha de los tratados comerciales?
  • ¿Cómo se encuentran divididas las tasas de participación laboral, los niveles de segregación ocupacional, calidad de empleo y brechas de ingresos, según hombres y mujeres?
  • ¿Están contemplados los objetivos de género en el texto de los acuerdos comerciales?

Estas son solo algunas de los cuestionamientos que pueden dar pie a un análisis del impacto de las barreras de género al mercado internacional. Sin embargo, lo más probable es que a lo largo de la investigación surjan otras y que incluso, muchas otras queden pendientes para una futura investigación.

  1. Metodología

El presente ensayo académico trata de una metodología de carácter no experimental, es decir, como menciona Sampieri (2014), es en el que se observan y miden las variables para luego ser analizadas. Se divide en tres lapsos, el primero es el transversal, donde se recolectan los datos, que, para el presente trabajo fueron tomados de páginas oficiales del gobierno de Costa Rica como: COMEX, INEC, BCCR, así como páginas de organizaciones internacionales de mujeres como el RIGC.

Se dice que el estudio es transversal dado que su propósito es recolectar los datos de un solo momento para luego pasar a describir dichos datos y explicar su incidencia e interrelación con el tema a tratar que es el papel de la mujer en el comercio internacional.

Se trata de una investigación del tipo Descriptiva-Explicativa, porque además de describir la problemática que enfrenta la desigualdad de género al tratar las políticas y tratados comerciales de los países a nivel internacional y traerlos a la realidad de Costa Rica, busca medir y entender el porqué del problema, buscando los componentes que lo integran para tratar de dar respuesta del fenómeno y plantear futuras líneas de investigación que colaboren a solventar el fenómeno.

Tiene ambos enfoques: cuantitativo y cualitativo, esto dado que no sólo presenta los indicadores y variables numéricas, sino que las describe, utilizando dichas variables como elementos que ejemplifican y muestran una realidad que debe ser analizada.

La población a estudiar es la población costarricense, que será desagregada en hombres y mujeres para abordar los propósitos de la investigación. Además de ser consultas bases con la población de forma neutral, es decir, donde no se distingue género, como es el caso de los indicadores de exportaciones.

La mayor limitación que se tuvo para la realización de la presente investigación, fue no contar con los suficientes datos sobre empleo, brechas salariales, tiempo de ocio y trabajo, así como de otras variables, todas ellas desagregadas por género. Esto dado que es el INEC quien reproduce estos indicadores, pero hasta hace recientes años que los separa por género, por lo tanto, no fue posible hacer el estudio desde el año 2002, que es en el que hay mayor presencia de la liberalización comercial por medio de TLC.

Otra limitante se debe a la ausencia del género como categoría analítica en la mayoría de los enfoques económicos sobre la liberalización comercial, lo que impide hacer una adecuada evaluación del impacto de la liberalización económica sobre las mujeres.

  1. Hallazgos

Se procede a realizar un estudio del papel de la mujer costarricense en el comercio internacional, para ello se debe de traer a acotación datos y variables que brinden un contexto general de variables macroeconómicas y microeconómicas desagregadas por sexo.

Pero antes, dado que el estudio es específicamente como se ha comportado la variable mujer dada la apertura comercial, la tabla 1 mostrará los TLC que se encuentran vigentes con Costa Rica. Esto permitirá realizar el análisis con respecto al periodo en el Costa Rica comenzó a involucrarse en la liberalización comercial a través de negociaciones y acuerdos comerciales.

Tabla 1. Tratados y acuerdos comerciales vigentes de Costa Rica

Tratado Países Entrada en vigor
TLC-AELC UE, Islandia, Liechtenstein, Noruega, Suiza y Centroamérica En diciembre de 2012 Costa Rica finalizó la negociación con el AELC
CAFTA-DR República Dominicana – Centroamérica – Estados Unidos 1 enero del 2009
Canadá Costa Rica – Canadá 1 de noviembre del 2002
CARICOM Costa Rica, Trinidad y Tobago, Guyana, Barbados y Belice 15 de noviembre del 2005
Centroamérica Centroamérica 23 de setiembre de 1963
Chile Chile – Centroamérica 15 de febrero del 2002
China China – Costa Rica 1 de agosto del 2011
Colombia Costa Rica – Colombia 1 de agosto del 2016
Corea Costa Rica – Corea 1 de noviembre del 2019
México México, Costa Rica, El salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua 1 de julio del 2013
Panamá Centroamérica y Panamá 24 de diciembre del 2008
Perú Costa Rica – Perú 1 de junio del 2013
República Dominicana República Dominicana – Centroamérica 7 de marzo del 2002
Singapur Costa Rica – Singapur 1 de julio del 2013
AACUE Centroamérica – UE 1 de octubre del 2013

Fuente: Elaboración propia con datos del COMEX.

Si bien, desde el año 1963 los países centroamericanos tienen un acuerdo comercial, al tener una vigencia de muchos años, con una importante diferencia de tiempo con respecto a los demás tratados y acuerdos, no se tomará en cuenta y de ahora en adelante se dirá que las primeras negociaciones entrar en vigencia a partir del año 2002. Esto además de que es muy complicado (casi imposible) obtener datos desde ese año, más si se trata de indicadores desagregados por sexo.

Dada esta información se procede a realizar un estudio de las características del mercado laboral, para así analizar si muestran o no cambios sustanciales con la implementación de las negociaciones – algunos de ellos resultado de la liberalización comercial – con respecto a la inserción de mujeres y hombres en la estructura económica. Estos datos aportan información sobre hombres y mujeres que son relevantes para la indagación de los efectos diferenciados de los TLC.

Como primer indicador se tiene la fuerza de trabajo, donde en la tabla 2 se ve un incremento en la tasa neta de participación de las mujeres del 2003 al 2013 de un 17.4%, al pasar de tener una tasa neta de participación de 38.5 en el año 2003 a la de 45.2 en el 2013. Mientras que en el caso de los hombres, no se ha mostrado mucha diferencia, se ha incrementado un 3.27%, pero con “altos y bajos” a largo de esos 10 años.

Por su parte, la tasa de ocupación, tanto en hombres como en mujeres ha ido creciendo, pero no de manera abrupta, sino que ha sido un crecimiento muy constante. Considerando estos dos indicadores cualquiera podría imaginar que los acuerdos comerciales han permitido un aumento del empleo de las mujeres. Sin embargo, eso sería adelantarse a dar conclusiones sin ninguna precisión. Y, además, no se estaría tomando en cuenta aspectos como la calidad y la brecha salarial que se comentaban en el apartado de la revisión de la literatura.

 

Tabla 2. Fuerza de trabajo por condición de trabajo según sexo en Costa Rica. Periodo 2003-2013[1].

  • En tasas –
  2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013
HOMBRES Tasa Neta de Participación 73.3 73.0 73.9 73.5 73.2 72.5 71.5 75.9 76.8 76.0 75.7
Tasa de Ocupación 69.0 69.0 70.2 70.2 70.8 69.5 66.8 71.4 72.2 71.2 70.4
MUJERES Tasa Neta de Participación 38.5 36.8 40.4 40.7 41.6 41.7 42.1 43.5 45.7 45.2 45.2
Tasa de Ocupación 35.3 33.6 36.5 37.2 38.7 39.1 38.0 39.4 41.0 40.6 40.3

Fuente: Elaboración propia con datos del INEC. Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples.

            En la tabla 3 se pasa a visualizar la existencia o no de brecha salarial, tomando en cuenta no sólo el sexo, sino también el tipo de empleo, esto para de una vez analizar la presencia o no de la división de trabajo debido a los roles y estereotipos de género que se mencionó en 2 apartados anteriores. En total, para el año 2018, la brecha salarial alcanzaba el 86.7%, siendo ésta de 112.1 para el sector primario, siendo éste el sector que presenta mayor desigualdad. 79.6 para el sector secundario, donde la construcción es el empleo más desigual de dicho sector. Y, 80.2 para el sector comercio y servicios, donde son las clasificaciones de transporte y almacenamiento y la administración pública las más desiguales. Este último dato evidencia la falta de sectores fuertes que se tomen el papel de la incidencia como modo operativo para crear políticas a favor de la mujer.

            Las clasificaciones que presentan un menor grado de desigualdad son la comunicación, hoteles y restaurantes y hogares como empleadores, lo que una vez más queda en evidencia que se sigue viendo a la mujer en labores más domésticos.

Tabla 3. Costa Rica: Compendio del IV trimestre de 2018 sobre la brecha y diferencial salarial de género en el empleo principal

Características del empleo IV Trimestre 2018
Ingreso bruto en el empleo principal
Hombre Mujer Brecha salarial
1. Rama de actividad 467,947 405,666 86.7
1.1 Sector primario 334,316 374,774 112.1
Agricultura, ganadería y pesca 334,316 374,774 112.1
1.2 Sector secundario 430,422 342,783 79.6
Industria manufacturera 419,305 336,096 80.2
Construcción 358,193 348,158 97.2
Otros 870,981 557,126 64.0
1.3 Sector comercio y servicios 516,773 414,704 80.2
Comercio y reparación 409,699 263,725 64.4
Transporte y almacenamiento 370,476 562,935 151.9
Hoteles y restaurantes 410,051 252,698 61.6
Intermediación financiera y de seguros 875,702 787,346 89.9
Actividades profesionales y administrativas de apoyo 426,447 446,988 104.8
Administración pública 890,259 1,057,642 118.8
Enseñanza y salud 927,943 765,639 82.5
Comunicación y otros servicios 508,307 302,000 59.4
Hogares como empleadores 241,360 152,582 63.2

Fuente: INEC-Costa Rica. Encuesta Continua de Empleo (ECE), 2018.

            Otro factor que suele influir muchísimo en las diferencias de empleo, sobre todo para el caso de las mujeres es si tienen o no hijos. La tabla 4 evidencia que efectivamente es más probable que una mujer esté ocupada si no tiene hijos.

Tabla 4. Costa Rica: Compendio del IV trimestre de 2018 sobre la de mujeres en edad de trabajar con hijos dentro o fuera del hogar y mujeres sin hijos

Indicadores generales  
Total de mujeres en edad de trabajar Mujeres con Mujeres sin hijos
Hijos en el hogar Hijos fuera del hogar
Población total 1 947 874 1 169 088  278 710  778 786
1. Fuerza de trabajo  978 411  619 838  93 971  358 573
Ocupada  832 362  539 280  89 874  293 082
Desempleada  146 049  80 558  4 097  65 491

Fuente: INEC-Costa Rica. Encuesta Continua de Empleo (ECE),2018.

            Por otro lado, se muestra una gran diferencia entre ambos sexos de acuerdo a su estado conyugal. La tabla 5 muestra que las mujeres casadas se dedican mayormente al trabajo doméstico no remunerado, mientras que los hombres casados al trabajo remunerado. Y cuando las mujeres son solteras o divorciadas tienen mayor tiempo social para el trabajo remunerado.

Tabla 5.Costa Rica: Tiempo social promedio[2] de la población de 12 años y más, actividades de trabajo y no trabajo y sexo, según   estado conyugal, octubre y noviembre 2017

Estado conyugal Trabajo
Trabajo doméstico no remunerado Trabajo de  autoconsumo Trabajo no remunerado de apoyo a otros hogares y a la comunidad Trabajo remunerado
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Casado/a o unido/a 44:37 14:59 01:17 02:38 01:22 01:06 14:34 43:54
Divorciado/a, separado/a, viudo/a 36:14 18:40 01:01 02:32 01:14 00:56 19:48 36:03
Soltero/a 22:32 11:00 00:34 01:05 00:51 00:39 15:28 25:02

Fuente: Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, 2017.

            Ya se demostró con números que efectivamente las mujeres presentan un rezago laboral y social con respecto a los hombres. Y que, si las políticas comerciales no son abordadas de forma equitativa, esta brecha va en aumento.

            Es por esta razón que además se tomó el CAFTA (TLC entre República Dominicana-Centroamérica y Estados Unidos) para analizar, si como en el caso del TLC Uruguay-Chile (primer TLC en abordar temas de género), hay algún anexo, capítulo o un simple apartado que hable de la importancia o ponga pautas de política comerciales a favor de la equidad de género. Sin embargo, en todo el documento no se menciona ni una sola vez las palabras género, mujer, mujeres y equidad. Y tan sólo dos veces (en el capítulo 9 y 11) la palabra desigualdad, pero haciendo referencia a desigualdades propias de las exportaciones en el capítulo 9. Y, en el capítulo 11 si se habla que no puede haber desigualdades en la contratación pública, pero no hay nada que diga que de ser así se castigará.

            Esto deja ver que a Costa Rica le hace falta mucho en temas de incidencia femenina, las mujeres deben de unirse y empoderarse, para lograr que los gobiernos comiencen a pensar y actuar de forma equitativa.

  1. Conclusiones
  • El libre comercio de Costa Rica carece de un sentido del papel.
  • A pesar de que muchos gobiernos, inclusive el actual costarricense habla de igualdad y equidad, el desarrollo de los mecanismos que la garanticen, se torna lento y difícil. Esto se debe mayormente a que las políticas de equidad se contraponen a las de libre comercio que suscita la OMC.
  • El análisis de implicaciones del papel de la mujer en el comercio internacional requiere que los Estados se comprometan a desagregar, actualizar y abrir sus datos para que sea más eficiente el análisis y así lograr dar de forma más oportuna las conclusiones y los retos que se presentan.
  • Los esfuerzos a nivel nacional tendrán sólo un impacto limitado si no existen vínculos con el ámbito internacional de la política comercial. Es por ello que la incidencia a través de redes es una estrategia clave en términos tanto operacionales como políticos.

Líneas de investigación futura

  • Un tema interesante que podría ser trabajado incluso, para una tesis es la realización de una matriz insumo–producto que recolecte la información necesaria para la simulación de distintos escenarios de política comercial y de política económica en general a través de un modelo general de equilibrio computable, algo similar a lo elaborado por Fontana y Wood en 1999, pero para el caso costarricense.
  • Estudiar el porcentaje de empresas exportadoras a cargo de mano de obra femenina.
  • Extender el estudio no sólo para Costa Rica, sino para toda la región centroamericana y de América Latina.

  1. Referencias

Garcia and Masselot, 2015. EU-Asia Free Trade Agreements as tools for social norm/legislation transfer. https://doi.org/10.1007/s10308-015-0423-0 Asia Europe Journal, 13(3), 241-252.

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[1] Se tiene la información a partir del 2003 dado que el estudio inicia después de las negociaciones que entraron en vigencia después del 2002. Lamentablemente, los datos que maneja el INEC son hasta el 2013, año en el que se realizó la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples.

[2] Promedio de horas semanales dedicadas a determinada actividad por parte de toda la población, expresado en horas semanales.