Frecuentemente escuchamos hablar de Centroamérica como una región joven, y es que, en efecto, para 2022 seremos 11.62 millones de jóvenes en la región SICA, no es para menos, el reto de convertir a Centroamérica en una #RegiónDeOportunidades está sobre nuestros hombros, sin duda esta Centroamérica permitirá la inclusión real y activa de las juventudes en la toma de decisiones, reconociéndonos como sujetos capaces de diseñar soluciones a las problemáticas políticas, sociales, ambientales, económicas, culturales y de seguridad de nuestros países.

Una familia de países, con una historia de conflictos similares y el algún caso compartido, tiene la fortaleza de poseer herramientas técnicas y políticas que, aun con múltiples dificultades pueden generar procesos de seguridad y culminar los procesos de paz necesarios para cerrar heridas aún abiertas que dan paso a contextos violentos y de vulneración de derechos.

Primeramente debemos de entender que las -Juventudes- somos un grupo poblacional plural, policromático, heterogéneo, dentro de la clasificación etaria y legal del ciudadano –joven- y que interpersonalmente nos reconocemos como tal de acuerdo a las interseccionalidades que nos atraviesan como la edad, etnia, posición socioeconómica, educativa, de salud, capacidades, género, orientación y expresión de género, características sexuales y procedencia geografía; cuando se habla de Juventudes nos situamos como sujetos de y con derechos individuales y colectivos, protagonistas de cambio, con necesidades diferenciadas dadas a las situaciones de vida, necesidades, intereses y trayectorias.

Para matizar –la ruta- de las juventudes en la historia de la integración centroamericana, describo algunas –Prioridades- para dirigir nuestros esfuerzos en la búsqueda de una región de paz y con seguridad democrática.

 

Sin democracia e instituciones sólidas no hay seguridad.

El artículo 1 del Tratado Marco de Seguridad Democrática expresa:  “El Modelo Centroamericano de Seguridad Democrática se basa en la democracia y el fortalecimiento de sus instituciones y el Estado de Derecho (…)” la participación política activa de la juventud en la política es imperativa para lograr sistemas democráticos, la juventud ha demostrado que los liderazgos tradicionales no han logrado construir democracias robustas e instituciones que garanticen condiciones para el completo desarrollo de las juventudes de modo que alcancen su máximo potencial ciudadano, los jóvenes centroamericanos hemos tenido el coraje de ser protagonistas de luchas pacíficas contra gobernantes corruptos y dictadores, bien lo dice el obispo Nicaragüense Silvio Báez:  «Jóvenes, ustedes son la reserva moral que tenemos»: y es estamos liderando desde ya procesos de cambio y tenemos la  obligación de construir estados con democracias trasparentes e inclusivas de la mano de instituciones sólidas, una deuda no saldada de las generaciones pasadas.

 

La organización política y social de las Juventudes para la promoción, ejercicio, defensa e incidencia de los Derechos Humanos.

El Tratado en su artículo 1 habla: “(…) el irrestricto respeto de todos los derechos humanos en los Estados que conforman la región centroamericana” La juventud en el último decenio aumentó su labor crítica, organización y activismo para la legítima defensa de sus derechos situándose desde las múltiples condiciones de vulnerabilidad que atraviesan todas las interseccionalidades del ser joven, la implicancia de generar más espacios y exigir la garantía y tutela de nuestros derechos a nivel nacional y regional es clave en la agenda de las organizaciones juveniles regionales.

 

La responsabilidad llevada por los jóvenes en puestos de toma de decisión.

Las juventudes poseemos grandes capacidades, habilidades y aptitudes para liderar cambios en nuestras comunidades y países, la responsabilidad de la mano de la gobernanza debe ser utilizada por los jóvenes en puestos de toma de decisión para asegurar la construcción de políticas públicas para nuestro desarrollo integral, siendo la educación, la salud y las oportunidades de desarrollo económico individual-colectivo las más urgentes.

La responsabilidad llevada por los jóvenes, es esencial para que tomemos decisiones en y sobre los gobiernos, lleva como añadido la responsabilidad de rendir cuentas en gobiernos abiertos y particularmente proponer nuevas y mejores narrativas de integración que aceleren la obtención de una región de paz, libertad, desarrollo y democracia reconociendo la integración como la verdadera oportunidad generacional para revertir la violencia y la inseguridad.

 

La observancia, cooperación y dialogo regional juvenil para el combate del crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, el combate contra la delincuencia, la impunidad y la corrupción.

 

Las juventudes en todo su complejo y completo tejido organizacional, estamos articulando esfuerzos para la prevención social de la violencia; la atención de la violencia en especial ligada a los ciudadanos jóvenes y la promoción de la paz. Las redes transfronterizas de jóvenes; las iniciativas de juventudes rurales; espacios de reflexión, diálogo y concesos sobre demandas y dignidades; espacios de formación; iniciativas de concientización y propuestas como la Agenda Centroamericana de Juventud 2015-2025 son algunas de las iniciativas que las juventudes estamos liderando, pero no es suficiente, debemos seguir conquistando espacios donde tantos nuestras acciones como demandas se concreticen en cambios.

Cambiar una región marcada conflictos no transformados en soluciones integrales no es fácil, en la juventud, por ser mayoría está el reto y la oportunidad de cambiarlo, estamos aquí ¡Hagamos posible! esta región de oportunidades que nos merecemos.