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Ser centroamericano: Un reto para la juventud

Por: Elthon Rivera Cruz

Es un hecho que nadie decide donde nacer, llegamos al mundo en el momento y lugar que nuestros padres, en específico nuestra madre, se encuentra en el instante en que se da el parto, muchos nacemos en el mismo país de origen de nuestros progenitores, otros nacen en un país distinto, y eso marca mucho las diferencias entre la suerte que tendrán algunos en el desarrollo de sus vidas.

Empiezo de esta forma este artículo, porque soy de esos jóvenes a quienes nos tocó nacer en América Latina, que ya eso es un asunto complejo, pero para complicarlo un poco más, nací en América Central, y, por si fuera poco, soy nicaragüense, nada más y nada menos que originario del segundo país más pobre a nivel latinoamericano y por consiguiente el primero en la región centroamericana, todo un reto para ser joven. Pero no es solo un tema personal, pues en realidad formo parte de un 62% de la población nicaragüense total, cuyas edades ronda por debajo de los 30 años de edad. [1]

En mayor o menor grado, los jóvenes centroamericanos nos encontramos en circunstancias difíciles simplemente por la región en la que nacimos, nuestro progreso personal está condicionado a ser más complicado debido a que el acceso a oportunidades de desarrollo académico, profesional y económico es muy limitado en relación a otros países del mundo. Según la lista de países más pobres de América Latina por PIB per cápita [2], que presenta el Fondo Monetario Internacional, en su versión 2020, cinco de los diez más pobres son de América Central.

En orden consecutivo según puesto ocupado por cada país de Centro América en cuanto a nivel de pobreza dentro de los diez países más pobres de Latinoamérica, encontramos:

Nicaragua: Segundo puesto, siendo así el más pobre de América Central.

Honduras: Cuarto puesto, el segundo en América Central.

El Salvado: Sexto puesto, tercero en América Central.

Guatemala: Séptimo puesto, cuarto en América Central.

Belice: Octavo puesto, quinto en América Central.

El pertenecer a países pobres, representa déficit en la calidad educativa y en el acceso a la educación. En el mundo digital en el que nos desarrollamos, la educación requiere nuevas herramientas a las cuales nuestros países no se han logrado acomodar, como las clases en línea, las cuales han tenido un auge exponencial en estos tiempos de la COVID-19, que implica que los jóvenes requieran de dispositivos electrónicos inteligentes y acceso a buena señal de internet, lo cual a su vez genera gastos que muchos no pueden costear.

Asociado a lo anterior, muchas necesidades no pueden ser satisfechas por los jóvenes, pues el acceso al empleo es limitado, y en países como Nicaragua, los salarios son muy bajos, incluso para profesionales jóvenes quienes pese a tener un título universitario, no consiguen una paga suficiente para satisfacer sus gastos.

En el ámbito de salud, es más difícil acceder al seguro social, pues para eso se necesita un sueldo, mientras en la región acrecienta el desempleo. Las aspiraciones y metas muchas veces se ven limitadas a conseguir las oportunidades que contribuyan a generar un mejor margen de estabilidad económica, obstaculizando el desarrollo de metas y sueños para el sentimiento de éxito personal.

Desafortunadamente, la juventud centroamericana es además, afectada por factores políticos desafiantes, como la corrupción y violencia estatal, en este sentido el caso de Nicaragua es uno de los cuales puede ser utilizado como ejemplo, enfáticamente al enfocarse desde un punto de vista del año 2018 a la actualidad, por mencionar algo reciente, periodo en el cual la participación política de la juventud ha sido no solo obstruida, sino también criminalizada, muchos estudiantes y jóvenes nicaragüenses fueron asesinados, presos políticos, obligados al exilio y expulsados de las universidades, en este último, se estima un aproximado de 144 expulsiones según denuncias recibidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y al menos 109 oficialmente reconocidas [3]

Pero el reto como tal de los jóvenes, no es solo conseguir la superación personal dentro de tantas dificultades, sino que, la juventud tiene el reto entre sus manos de apropiarse y ser protagonista de los cambios políticos y sociales necesarios, para que la región centroamericana se vaya transformando, y es un reto muy grande por sí mismo, pues debe asumirse aun cuando ya de por si hay muchas necesidades por cubrir, sin embargo, la historia de la región seguirá siendo la misma a menos que las nuevas generaciones impulsemos el cambio y seamos al mismo tiempo actores dentro de los procesos transformacionales que Centro América necesita para que las futuras generaciones no se sientan en desventaja ante otros jóvenes del mundo, simplemente por ser centroamericanos.

Hay mucho por lo que nos podemos quejar, y a muchos a quienes directamente podemos culpar, y eso está bien, nadie debe adaptarse a un rol de simple conformismo, al contrario, de cierta forma estamos obligados a romper el obsoleto sistema que se ha manejado hasta la actualidad y que evidentemente se vuelve progresivamente más dañino. Pero es imperativo adoptar la realidad de que las quejas y señalamientos no son suficientes si estos no se acompañan de acciones; los jóvenes centroamericanos debemos actuar, buscando y asumiendo los espacios necesarios para incidir y para liderar los cambios positivos, para esto es necesaria la capacitación, el desarrollo de nuevos liderazgos, el empoderamiento juvenil, las acciones cívicas y las agendas lo mejor definidas posibles. El reto es grande, pero la población joven también lo es.

Bibliografía

[1] CODENI, Población por sexo, grupos de edades y edades simples, Managua, 2017.
[2] Quinto Poder, Los países más pobres de América Latina en 2020, Mexico, 2020.
[3] Acción Universitaria, Violaciones a los Derechos Humanos de los Derechos de los Estudiantes Expulsados de las Universidades en Nicaragua, Managua, 2020.