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El rol de los jóvenes en tiempos de pandemia

En El Salvador como en el resto del mundo vivimos momentos difíciles debido al COVID-19, lamentablemente nadie estaba preparado para esta situación y de una u otra manera nos está afecta a todos.

Como en muchas situaciones de la vida, hay unos más afectados que otros y los que nos hemos visto menos afectados (e inclusive beneficiados) por la pandemia debemos ayudar a los que no tienen la misma suerte. Debemos buscar la manera de ser protagonistas y no espectadores en esta emergencia.

Todos los días vemos casos en redes sociales y noticieros de personas que se han visto afectadas por esta pandemia y que a más de uno les toca el corazón. Un caso que me llamó la atención fue uno dado a conocer por un periodista local.

Se trata de Don Beto, un señor de más de 70 años que vive solo, sin ningún tipo de pensión y no fue beneficiado por la ayuda económica brindada por el gobierno. Para subsistir estaba obligado a caminar alrededor de 10 kilómetros cada día para ir a vender dulces al área metropolitana de Zacatecoluca. Al conocer su caso, un grupo de voluntarios nos pusimos de acuerdo, contactamos al periodista y le dimos víveres para que fueran entregados a don Beto y pueda pasar más tiempo resguardado en su casa sin exponerse.

Así como el caso de don Beto,  hay muchos en el país por lo que insisto en que los jóvenes dentro de nuestras posibilidades necesitamos ayudar.

Debemos ser conscientes que hay jóvenes que también se han visto afectados por la pandemia y muchas veces no cuentan con los recursos para ayudar económicamente a estas personas en necesidad, pero si podemos apoyar en redes sociales.

Desde las plataformas sociales se puede compartir los casos y hacerlos llegar a personas que posiblemente sí puedan donar. Además, se pueden compartir mensajes positivos e información valiosa sobre los tiempos que vivimos.

Un llamado a involucrarse

 

Yo le pido a los jóvenes que se involucren en el sector del voluntariado, hay tanto qué hacer por el país y es demasiada la necesidad que tiene nuestra gente.

En lo personal, pertenezco al Club Activo 20-30, que es un club de servicio internacional enfocado en ayudar a los niños y desarrollar habilidades de liderazgo en adultos jóvenes. El Club siempre ha incidido en la sociedad (tiene más de 65 años de existir en El Salvador) y en esta pandemia nos hemos encargado de llevar víveres a los más necesitados y también hemos donado sangre y conseguido más donantes de sangre para la Cruz Roja y para la red nacional de hospitales, ya que el banco de sangre de la Cruz Roja ha tenido un desabastecimiento grande debido a la crisis que vivimos.

Organizaciones de servicio como esta hay muchas y cada una aporta un grano de arena al país; pero honestamente el más beneficiado eres tú. El servicio por la gente y por tu país es algo que te llena de satisfacción y de alegría y te deja un inmenso aprendizaje que puedes aplicar en muchas áreas de tu vida.

Es algo imposible de describir cómo se te infla el pecho al ver tanta gente beneficiada con lo que tú haces y eso es algo que no te regala nadie ni se compra con dinero, lo obtienes entregando tu corazón al voluntariado.

 

Fiscalización del poder

 

Como jóvenes tenemos otro rol importante: debemos cuidar y velar por la institucionalidad del país. Hay muchos casos de gobernantes que han utilizado las crisis para atropellar instituciones, violentar derechos humanos, cometer abusos de poder, y “saltarse” procesos legales.

Por la experiencia sabemos que en el pasado políticos y funcionarios han utilizado emergencias para cometer actos de corrupción. Por este tipo de precedentes es que tenemos que vigilar constantemente lo que se hace con los fondos públicos

Considero que el  gobierno actual no ha sido transparente con el uso de los fondos con los que ha contado y con los que podría contar (3 mil millones de dólares en préstamos) para afrontar la pandemia. Actualmente tenemos un presidente que se aferra a su innegable popularidad para saltarse instituciones, atacar a organismos importantes y necesarios para el país (ANEP, FUSADES, etc.) y expresamente ha dicho que no va a acatar las resoluciones de la Sala de lo Constitucional y esto es inaceptable para el sistema democrático en el que vivimos. En el libro “Cómo mueren las democracias” Levistsky (2018) habla sobre esto:

En 1969, tras imponerse en la reelección para su segundo y último mandato, el presidente filipino Ferdinand Marcos empezó a plantearse cómo usar una situación de emergencia para mantener más tiempo en su cargo. Marcos no quería apartarse cuando concluyera su segundo mandato en 1973, tal como dictaba la Constitución, de manera que urdió planes para declarar la ley marcial y reescribir la carta magna.

Pero necesitaba una justificación, y se le presentó una oportunidad en julio de 1972, cuando una serie de misteriosos estallidos de bombas sacudieron Manila. Tras el aparente intento de asesinato del ministro de Defensa Juan Ponce Enrile, Marcos, culpando de éste a terroristas comunistas, ejecutó su plan. Anunció la ley marcial en la televisión nacional, insistiendo en tono agorero: «Compatriotas […] esto no es un golpe militar».

Defendió que «un Gobierno democrático no es un Gobierno indefenso» y que la Constitución, la misma que estaba suspendiendo, «proporcionaba sabiamente los medios de protección» para enfrentarse a un peligro como una insurrección. Con aquel movimiento, Marcos se instaló cómodamente en el Gobierno durante los siguientes catorce años. Las crisis son difíciles de predecir, pero sus consecuencias políticas no. Propician la concentración y, con mucha frecuencia, el abuso del poder. (p.83)

Finalmente expresar, que en la medida en que los jóvenes nos involucremos  en la situación  que vive cada país mejor serán los resultados.

Foto: Red Previos

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Hollywood, la narrativa de dominio geopolítico y Nicaragua

Nicaragua y su contexto.

Hace unas semanas vi por Netflix (tengo acceso gracias a la filantropía de un buen amigo que no soportó tanta infelicidad acumulada en una sola persona que no le quedó de otra que pasarme su cuenta; aunque lo cierto es que le rogué algunos días hasta que me la consiguió) una película traducida en América Latina como «Escuadrón 6», una mega producción hollywoodense de acción. Acción llena de efectos especiales y movimientos vertiginosos. Pero lo que resulta interesante no es la trama y la acción en sí, sino los trasfondos políticos y de dominación que se pueden percibir.

El argumento que desencadena la acción no es desconocido en el cine estadounidense: un «escuadrón de superhéroes» decide tomar la justicia por sus propias manos y establecer la democracia en un país musulmán del Asia Central.  El país en la ficción se llama Turgistán, un nombre casi referencial a Turkmenistán (país fronterizo con Irán, Afganistán, Uzbekistán, y que perteneció a la extinta Unión Soviética). En la película el país se encuentra sometido por un dictador extremadamente demente e inhumano capaz de realizar ataques químicos a la propia población para amenazar a cualquier oponente, pero principalmente por una maldad irrazonable. Aparecen imágenes de campos de refugiados siendo atacados por estos ataques químicos, aviones de caza lanzando bombas a personas con partes amputadas, etc.

En la película no hay una visión desde las potencias mundiales sobre la situación de ese país, únicamente se nos presenta la visión de los protagonistas (el escuadrón) que asumen la misión de «dar un golpe de estado» para establecer la democracia en el país.

Hollywood lucrándose con las guerras.

 

Algo irónico de esta mega producción es la cantidad de dinero que se utilizó para realizarla (un estimado de ciento cincuenta millones de dólares, según IMDB) cuando bien podrían haberse utilizado en ayuda humanitaria, proyectos de desarrollo social y económico en regiones en que las familias carecen de agua potable para sobrevivir.

En uno de los discursos más emotivos para continuar con la misión el protagonista explica que está harto de la burocracia de las potencias mundiales, y da a entender de alguna manera que ese respeto de derechos humanos que tanto se habla no es más que parte de esa burocratización.

El protagonista, interpretado por Ryan Reynolds, es un multimillonario al estilo Bruce Wayne; sin explicar cómo, cuenta con toda la logística para que un grupo de seis personas realice un golpe de estado en un país lejano, maquinaria de altísima calidad y todo eso que nunca se llega a explicar en este tipo de películas. El personaje principal es el que se encarga de reunir a los especialistas, los cuales convenientemente para la trama tienen motivos para estar inconformes con las gestiones de las instituciones «encargadas del orden mundial». La súper producción de acción pretende sostener un argumento moral: el malévolo merece la muerte a cualquier costo. El fin justifica los medios: muchas explosiones.

 

Hollywood interracial, pero sin olvidar los estereotipos.

Es importante para uno de los trasfondos de la película (el de la lucha de Occidente VS Asia Central/URSS) mostrar a un occidente más interracial e incluyente. Así el soldado del ejército es de etnia afrodescendiente que combatió en Irak, pero por, otra vez, culpa de la burocracia no pudo salvar a sus compañeros al no ser autorizado a disparar a la amenaza islámica. El protagonista «americano» blanco como concepto de justicia, moral, y establecedor del orden y la civilización. El «Sicario» latino, divertido, bailador, supersticioso, que por lo demás no parece latino, o al menos el latino promedio: este es alto, bronceado, barbudo, cuando el latino promedio es moreno, bajo, lampiño (por ese problema de raíces, prehispánicas). Los demás personajes son repeticiones de otros blockbusteres.

Los dictadores nicaragüenses como legitimadores de la narrativa supremacista

Al día de hoy, los nicaragüenses estamos rehenes de dos personas desquiciadas que han decidido utilizar la pandemia mundial del COVID-19 como amenaza al exterior utilizándonos a nosotros, el pueblo, como rehenes. «O me levantan las sanciones o no se tomará ninguna medida para controlar la pandemia dentro del país». Es increíble ver como desde que se dio el primer caso de coronavirus en Nicaragua han insistido en la aglomeración de lugares, haciendo propagandas de partidos de béisbol, marchas en apoyo a Maduro, cosas irracionales que no se pueden explicar a menos que se intente de manera clínica.

Cuando veía la película y apareció la escena del ataque químico de un dictador a su propio pueblo me pareció un abuso de discurso y de perversidad ideológica, pero inmediatamente pensé en Rosario Murillo y me di cuenta que, tristemente, sí hay personas en el mundo que lideran países y que son capaces de cometer esos actos inhumanos con sus conciudadanos.

Dios nos proteja siempre.

 

Foto: AFP 28/02/2019

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Una Pincelada de la Pandemia del COVID-19 en El Salvador

La humanidad atraviesa por un momento de crisis a nivel mundial, a raíz del COVID-19, una pandemia que ha roto nuestra forma monótona de vivir, afectando así todos los aspectos de nuestra sociedad.

 

Existe mucha especulación sobre el origen de este virus y de la negligencia de las autoridades para intentar contener el avance de la pandemia, pero es una situación que solo el tiempo ira esclareciendo.

 

La pandemia de COVID-19 nos ha hecho pensar en la vulnerabilidad de la humanidad, que a pesar de nuestros avances en materia de medicina y tecnología, se evidencia la fragilidad de los sistemas de salud estatales, no haciendo distinción si es de un país con amplios recursos económicos o con uno que no cuenta con las mismas oportunidades, el virus afecta a todos, y sume en una crisis y nos lleva a reflexionar en la inexorabilidad de la muerte.

 

Ciertamente es un periodo de crisis en el cual podemos plantearnos las siguientes reflexiones, comencemos por examinar la palabra Crisis, su etimología y significado desde la cultura oriental, específicamente del ideograma Chino usado para referirse a crisis; 危机 (Wei ji) es un ideograma compuesto por dos signos, el Primero (wei) significa peligro y (ji) oportunidad, en su conjunto puede entenderse como una oportunidad que requiere de mucho valor, temple y carácter para afrontar el peligro, ganando un equilibrio entre las emociones y las acciones, fortaleciéndose en las dureza de la vida. En la cultura occidental la palabra crisis deriva del vocablo griego κρίση (krisi) y significa dividir, separar, romper con una continuidad, un punto de no retorno, la bifurcación del camino, donde hay que dejar algo atrás.

 

Teniendo en cuenta ambas visiones Ideográficas y conceptuales, la pandemia de COVID-19 representa una crisis profunda que saca a la luz aspectos positivos y negativos, del ser humano y de su convivencia en sociedad y hace plantearse seriamente ¿Quién estaba preparado para una crisis sanitaria de este tipo? ¿Qué medidas son las correctas para afrontarla? ¿Cómo se configurara la sociedad luego de esta crisis demoledora?.

 

El COVID-19 es una crisis que puede enfocarse desde distintos puntos de vista, porque afecta a todos por igual. Las economías grandes se paralizan, empiezan a retroceder en el crecimiento y las inversiones se desploman. Los gobiernos de cada país empiezan una carrera contra reloj, para intentar soportar el golpe a sus sistemas de salud, al desborde de las emergencias, la caída de sus economías y evitar a toda costa la incapacidad de responder a la emergencia y que primar si la salud o la economía, pero hay una interrogante que podemos plantear, que resulta inevitable de hacernos a nosotros mismos:  ¿Quién pagara las consecuencias del desplome económico?.

 

 

En El Salvador, la realidad parece ser diferente, alentadora sí la comparamos con nuestros vecinos: Guatemala, Honduras, Belice, Nicaragua, Costa Rica o Panamá. Realidades tan distintas como gobernantes tan diferentes.

 

En la sociedad salvadoreña impera un sentimiento de confianza por la forma de manejar la pandemia por el gobierno central, al nivel que buena parte de la  población tiene esperanza en que no pase a ser una tragedia.

 

Considerando que acabamos de salir de un bipartidismo de 30 años de gobiernos de “derecha” e “izquierda”, ahora se escuchan expresiones por parte de la población salvadoreña: “hoy sí tenemos presidente” un reconocimiento de la autoridad y del buen liderazgo de un mandatario que no está ausente.

 

EL liderazgo de Nayib Bukele

Nuestro actual presidente ha hecho surgir muestras de verdadero orgullo nacional, hoy es más común identificar a salvadoreños que colocan una bandera de nuestro país en sus publicaciones en redes sociales, un hecho que podría parecer tan simple, pero que posee una connotación cultural, social que motiva el sentido de pertenencia y de orgullo nacional.

 

El sistema de Salud de El salvador,  podríamos compararlo a una casa que durante el verano aparenta que todo está bien, pero cuando inicia el invierno y caen las primeras lluvias torrenciales (COVID-19), podemos ver las muchas goteras y la incapacidad de las tuberías de agua de canalizar la lluvia y la casa inevitablemente tiene goteras, problemas en su estructura y paredes que están a punto de ceder.

La red hospitalaria del país no cuenta con la capacidad de atención efectiva para una  pandemia de tal envergadura, esto demuestra lo olvidado que se ha tenido esta área vital del país en cuanto a una verdadera inversión se trata. El reto será como se lograr fortalecer el sistema de atención y cobertura de salud pública en nuestro país, procurando una administración eficaz de los recursos existentes.

A nivel de Centroamérica, El Salvador ha garantizado una cobertura grande en realizar pruebas para detectar COVID-19 en la población. Aún así el gobierno está siendo tachado peyorativamente, por una parte de la comunidad internacional como una “dictadura en ascenso”, una “democracia simulada”, pero no todos tienen la misma opinión, otra buena parte opina que es una “nueva política” una “sociedad cambiante” o un país con recursos económicos escasos “digno de admiración”.

Las gestiones de Bukele reciben a nivel de país una aprobación positiva del 97%, que en ningún caso anterior ha recibió un mandatario salvadoreño.

 

¿Qué pasará despúes?

 Luego de esta Crisis mundial, veremos el advenimiento de una recesión económica, que afectara al mundo , por lo que es oportuno preguntaros ¿cómo se  prepararan los gobiernos para la “nueva crisis económica mundial”?

El Salvador no está exento de las consecuencias. Estamos apenas en la antesala de una nueva reconfiguración de la humanidad. Las relaciones sociales, políticas, culturales, familiares, salud, económicas, e ideológicas cambiaran evidentemente a cómo las conocíamos antes, el concepto de crisis en ambas vertientes (wei-ji) Oriental y (Krisi) occidental nos pueden servir para concluir que sera una oportunidad para crecer pero también para romper con nuestro pasado político, y responsabilizarnos tomando consciencia de que ahora podemos buscar en nuestro presidente un líder con una visión de país que va más allá de toda mezquindad política.

 

Foto: Personal médico en El Salvador preparados para el coronavirus. / Reuters

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Urge mayor gestión de residuos plásticos en medio de esta crisis

Los residuos plásticos son una verdadera amenaza para el medio ambiente, para los océanos, sus animales y, por ende, representa un enorme riesgo para la sociedad actual. Un problema que, sin ninguna duda, se está convirtiendo en uno de los mayores desafíos para la humanidad. Y sigue siéndolo, pero con un posible fenómeno añadido que no va a hacer sino agravarlo aún más.
Desde que comenzara la cuarentena debido al coronavirus, han cambiado algunos hábitos para la comunidad internacional, como por ejemplo el uso de mascarillas y guantes al salir de casa. Estas, junto a otras previsiones, como la desinfección de algunos artículos y lavado de manos, son las que van a ayudar a disminuir el nivel de contagios.
Sin embargo, aunque se trata de prácticas que nos pueden poner a salvo, están provocando un daño muy serio al medio ambiente. Solamente la gran demanda de látex y mascarillas desechables, suponen una elevadísima contaminación. No hay más que ver el suelo de aparcamientos o calles cercanas a los supermercados en grandes ciudades como Nueva York, Londres o Kalamata, una ciudad griega al suroeste de Atenas en Grecia que registra un elevado índice de contaminación por causa de este tipo de material.
La solución a este serio problema medioambiental no es fácil. Estamos hablando de unos materiales de uso imprescindible por cuestiones de salud pública y de seguridad personal a los que ni podemos ni debemos renunciar.
Con las medidas orientadas por las entidades sanitarias se han incrementado el uso de este tipo de materiales por parte de pequeños y medianos locales comerciales y otras entidades para la comercialización de sus productos y servicios. Pero, mientras se investigan alternativas al uso de mascarillas y guantes desechables, lo que sí podemos y debemos hacer es gestionar su residuo de manera responsable.
Para ello desde la Red de Juventudes y Cambio Climático de Costa Rica hacen ahora un llamado a la colaboración de todas y todos para prevenir el impacto medioambiental derivado del abandono indebido de este tipo de residuos sanitarios en el entorno, ya que podrían convertirse en una nueva tipología de basura que contaminaría gravemente los espacios naturales.
Para tener una dimensión del problema socioambiental que esto puede causar, podemos afirmar que las máscaras y guantes contienen materiales que no se reciclan y no son biodegradables. Las máscaras quirúrgicas están hechas con telas no tejidas, incluidos plásticos como el polipropileno.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), el plástico causa estragos en los ecosistemas marinos, ya que a medida que gira en el agua, gran parte se descompone en pedazos pequeños, llamados microplásticos.
The Ocean Conservancy descubrió que muchas especies de peces consumen desechos plásticos, confundiéndolos con alimentos reales, y estimó que al menos 600 especies diferentes de vida silvestre están amenazadas por la contaminación.
Pero también existe un riesgo para la salud humana, debido a que el plástico ingresa a la cadena alimentaria con casi mil millones de personas en todo el mundo que consumen pescados y mariscos como su principal fuente de proteínas.
De esta nueva realidad que estamos viviendo producto a la crisis por COVID19, que puede significar un punto de transformación de convivencia y prácticas sociales, debemos sacar lo positivo manteniendo la responsabilidad individual y colectiva y el compromiso social para cuidar de todos y de lo que nos cuida a todos: es decir, del medio ambiente, de la naturaleza. Evitemos que esto pueda convertirse en un foco de contagio para las personas y para los ecosistemas terrestres y marinos con su gestión responsable como residuo; enseñar a cuidar el medio ambiente es enseñar a valorar la vida.

Foto: EDH / Cristian Díaz

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Prioridades de las Juventudes Centroamericanas en la seguridad democrática de la región

Frecuentemente escuchamos hablar de Centroamérica como una región joven, y es que, en efecto, para 2022 seremos 11.62 millones de jóvenes en la región SICA, no es para menos, el reto de convertir a Centroamérica en una #RegiónDeOportunidades está sobre nuestros hombros, sin duda esta Centroamérica permitirá la inclusión real y activa de las juventudes en la toma de decisiones, reconociéndonos como sujetos capaces de diseñar soluciones a las problemáticas políticas, sociales, ambientales, económicas, culturales y de seguridad de nuestros países.

Una familia de países, con una historia de conflictos similares y el algún caso compartido, tiene la fortaleza de poseer herramientas técnicas y políticas que, aun con múltiples dificultades pueden generar procesos de seguridad y culminar los procesos de paz necesarios para cerrar heridas aún abiertas que dan paso a contextos violentos y de vulneración de derechos.

Primeramente debemos de entender que las -Juventudes- somos un grupo poblacional plural, policromático, heterogéneo, dentro de la clasificación etaria y legal del ciudadano –joven- y que interpersonalmente nos reconocemos como tal de acuerdo a las interseccionalidades que nos atraviesan como la edad, etnia, posición socioeconómica, educativa, de salud, capacidades, género, orientación y expresión de género, características sexuales y procedencia geografía; cuando se habla de Juventudes nos situamos como sujetos de y con derechos individuales y colectivos, protagonistas de cambio, con necesidades diferenciadas dadas a las situaciones de vida, necesidades, intereses y trayectorias.

Para matizar –la ruta- de las juventudes en la historia de la integración centroamericana, describo algunas –Prioridades- para dirigir nuestros esfuerzos en la búsqueda de una región de paz y con seguridad democrática.

 

Sin democracia e instituciones sólidas no hay seguridad.

El artículo 1 del Tratado Marco de Seguridad Democrática expresa:  “El Modelo Centroamericano de Seguridad Democrática se basa en la democracia y el fortalecimiento de sus instituciones y el Estado de Derecho (…)” la participación política activa de la juventud en la política es imperativa para lograr sistemas democráticos, la juventud ha demostrado que los liderazgos tradicionales no han logrado construir democracias robustas e instituciones que garanticen condiciones para el completo desarrollo de las juventudes de modo que alcancen su máximo potencial ciudadano, los jóvenes centroamericanos hemos tenido el coraje de ser protagonistas de luchas pacíficas contra gobernantes corruptos y dictadores, bien lo dice el obispo Nicaragüense Silvio Báez:  «Jóvenes, ustedes son la reserva moral que tenemos»: y es estamos liderando desde ya procesos de cambio y tenemos la  obligación de construir estados con democracias trasparentes e inclusivas de la mano de instituciones sólidas, una deuda no saldada de las generaciones pasadas.

 

La organización política y social de las Juventudes para la promoción, ejercicio, defensa e incidencia de los Derechos Humanos.

El Tratado en su artículo 1 habla: “(…) el irrestricto respeto de todos los derechos humanos en los Estados que conforman la región centroamericana” La juventud en el último decenio aumentó su labor crítica, organización y activismo para la legítima defensa de sus derechos situándose desde las múltiples condiciones de vulnerabilidad que atraviesan todas las interseccionalidades del ser joven, la implicancia de generar más espacios y exigir la garantía y tutela de nuestros derechos a nivel nacional y regional es clave en la agenda de las organizaciones juveniles regionales.

 

La responsabilidad llevada por los jóvenes en puestos de toma de decisión.

Las juventudes poseemos grandes capacidades, habilidades y aptitudes para liderar cambios en nuestras comunidades y países, la responsabilidad de la mano de la gobernanza debe ser utilizada por los jóvenes en puestos de toma de decisión para asegurar la construcción de políticas públicas para nuestro desarrollo integral, siendo la educación, la salud y las oportunidades de desarrollo económico individual-colectivo las más urgentes.

La responsabilidad llevada por los jóvenes, es esencial para que tomemos decisiones en y sobre los gobiernos, lleva como añadido la responsabilidad de rendir cuentas en gobiernos abiertos y particularmente proponer nuevas y mejores narrativas de integración que aceleren la obtención de una región de paz, libertad, desarrollo y democracia reconociendo la integración como la verdadera oportunidad generacional para revertir la violencia y la inseguridad.

 

La observancia, cooperación y dialogo regional juvenil para el combate del crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, el combate contra la delincuencia, la impunidad y la corrupción.

 

Las juventudes en todo su complejo y completo tejido organizacional, estamos articulando esfuerzos para la prevención social de la violencia; la atención de la violencia en especial ligada a los ciudadanos jóvenes y la promoción de la paz. Las redes transfronterizas de jóvenes; las iniciativas de juventudes rurales; espacios de reflexión, diálogo y concesos sobre demandas y dignidades; espacios de formación; iniciativas de concientización y propuestas como la Agenda Centroamericana de Juventud 2015-2025 son algunas de las iniciativas que las juventudes estamos liderando, pero no es suficiente, debemos seguir conquistando espacios donde tantos nuestras acciones como demandas se concreticen en cambios.

Cambiar una región marcada conflictos no transformados en soluciones integrales no es fácil, en la juventud, por ser mayoría está el reto y la oportunidad de cambiarlo, estamos aquí ¡Hagamos posible! esta región de oportunidades que nos merecemos.